La mayor cadena de librerías de Rusia gastó 100 millones de rublos en retirar y triturar libros «prohibidos»
Chitai-Gorod destruye libros en una trituradora ante la cámara por las leyes rusas de «propaganda», y la posición editorial de Sardaana News.
Este texto tiene dos partes: la noticia con fuentes y, después, la posición editorial de Sardaana News.
Qué pasó
La mayor cadena de librerías de Rusia, Chitai-Gorod — Bukvoed, ha gastado en los últimos años unos 100 millones de rublos en retirar de la venta y destruir libros que no cumplen las nuevas leyes, dijo su director general, Alexandr Brychkin, a RBC (ForPost, Meduza, Kommersant).
Los libros no pueden devolverse a los proveedores y se dan de baja como pérdida. Tampoco pueden tirarse: se consideran «residuos tóxicos» y se destruyen en una trituradora industrial ante la cámara, a costa de la cadena, además del coste de retirarlos de las estanterías y de la logística de almacén.
Por qué
Las causas son las leyes que prohíben la «propaganda» de drogas y de «relaciones sexuales no tradicionales»; las autoridades rusas declararon extremista y prohibieron el «movimiento LGBT». Los libros que mencionan drogas suelen marcarse y envolverse en plástico tras figurar en un registro de la Unión Rusa del Libro: la cadena marcó unos 2 millones de libros a su costa («decenas de millones» de rublos). Los libros con «riesgo LGBT» pueden retirarse tras un «peritaje» repentino; Brychkin dice que los vendedores no tienen una oportunidad justa de adaptarse y pide aviso previo y expertos verificados.
«It» de Stephen King fue retirado tras la queja de un diputado (ForPost). Libros de Borís Akunin y Liudmila Ulítskaya siguen en el almacén (Meduza); en octubre de 2026 Roskomnadzor prohibió novelas de Olga Ptítseva por supuesta «propaganda LGBT». Las editoriales se autocensuran, cortando pasajes o tachando páginas (ForPost).
Posición editorial de Sardaana News
Por la guerra contra Ucrania y la intensificación de la represión política contra las personas antibelicistas, la oposición y también los migrantes y las personas LGBT, las autoridades rusas destruyen los libros que les disgustan: Orwell y obras similares, por ejemplo. Rusia gasta millones de rublos en ello: 100 millones de una sola cadena son el precio visible de la purga.
Está prohibido introducir en Rusia libros como los de Orwell y cualquier libro de temática LGBT. Un pasajero al que se le encuentren en el control de pasaportes del aeropuerto se enfrenta a una acusación de extremismo y a años de cárcel.
Es la guerra del régimen contra el pensamiento libre: tritura y quema la cultura mientras quema personas en Ucrania. La trituradora ante la cámara es la versión librera de la misma represión que llena las cárceles por la palabra. Nuestra crítica apunta al Estado ruso y su maquinaria de censura, no a los empleados de librerías obligados a cumplir.
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